Existen muchas versiones sobre la manera en que
Yas y yo nos conocimos; algunas de ellas
rozan lo pornográfico, y otras sobrepasan
ampliamente esa categoría...
Pero esta que vamos a dar es la "oficial"...
Todo comenzó en Septiembre de 1999... Hacía
poco tiempo que yo me había puesto Internet,
y estaba vagando sin rumbo por la red, buscando
un sitio donde establecerme. Después de
varios intentos, fui a parar al OZÚ Chat,
donde empecé a sentir algo parecido al calor de un
hogar... Allí fue donde tuve mis primeros
escarceos preadolescentes ¿? (aún recuerdo a Xena),
(¿quien es esa Xena? Nunca me has hablado
de ELLA), y allí es donde hice mis
primeros
amigos "virtuales", como Peluche, que era un
Lord Sith... (si, un Sith, qué pasa)...
Pero, como decía un amigo mío,
es frecuente que la gente en un chat desaparezca sin dejar
rastro, y así fue... (como lágrimas
en la lluvia...)
Pues eso, que andaba yo vagando, triste y sólo
por una de las salas de amistad, a ver si
encontraba algo cuando recibí un privado,
de una tal Yasena, preguntándome si me había
gustado la película nueva de Star Wars
(por aquello de que mi nick era Jedi)...
De aquella manera tan imprevista, Yas aterrizó
en mi vida, pero, como suelo decir, los caminos
de la Fuerza son inescrutables.
Entonces fue cuando nos pusimos a hablar de lo
mucho que echábamos de menos un Han Solo
con el que pudiera identificarse el público,
y de la falta de profundidad de algunos personajes,
y poco a poco se fueron filtrando las tonterías,
como que yo había interpretado al personaje de
Max Rebo (el elefantito azul) en El Retonno del
Jedi, o que ella estaba entre el público en
la carrera de Podracers. Luego vinieron cosas
sobre las cajas de cereales, y las viviendas de
promoción oficial, y cosas peores...
Entonces yo le regalé una rosa, de plástico,
porque las de verdad me daban alergia, y ella me
respondió con un beso. (Más tarde,
descubrimos que regalar rosas de plástico debe ser una
antigua costumbre de los Caballeros Jedi, porque
se han dado más casos...)
Continuamos charlando animadamente, y entonces,
no se que se me pasó por la cabeza en
ese momento, porque le regalé un semáforo
(¡¡¡mi
semáforo!!!), pero el caso es que a
ella
le encantó. ("Vaya un caos que voy a montar
con él en la ciudad", me dijo. "Lo llevaré siempre
en la parte de atrás de mi 600") Por supuesto,
más paranoias, aquel día acordamos hacer un
viaje por Europa a bordo de su 600, (que por
cierto, es rosa), y muchas más tonterías,
hasta que se nos hizo muy, muy tarde. Entonces
le di mi dirección de correo, y quedamos
para el día siguiente.
Quedamos muchas veces más, y al principio
nos dedicábamos a ciertas actividades "impropias"
de un Jedi, digamos... Al mismo tiempo fue creciendo
nuestra amistad y nuestra gama de tonterías
hasta límites preocupantes, diría
yo. Hasta que un día...